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Organizaciones americanas de derechos humanos exigen investigaciones independientes sobre manifestaciones de octubre en el Ecuador

Las organizaciones de derechos humanos de América abajo firmantes y que participamos en las audiencias del 174 periodo de sesiones de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), que se realiza en Quito, manifestamos lo siguiente:

Desaparición temporal: siete horas de agresión policial

Quito - Pichincha.  Cerca de 47 mujeres y hombres fueron detenidos en el centro histórico durante las protestas sociales, el pasado 9 de octubre de 2019. Juan Recalde[1], joven de 28 años y dirigente indígena, fue detenido también pero lo separaron del grupo. Con su wipala[2] le intentaron ahorcar, lo golpearon con el tolete y en la noche lo subieron a un patrullero, colocaron una funda sobre su cabeza para que no vea la ruta. Siete horas pasó desaparecido. Aquí el testimonio de Juan.

Edison Mosquera murió por un impacto de proyectil de arma de fuego en las protestas de octubre

Cumandá - Quito.  El 7 de octubre de 2019, Edison Eduardo Mosquera Amagua salió desde el sur de Quito hacia el Valle de Los Chillos a trabajar. Su madre Ema Consuelo Amagua, de 51 años, lo esperaba en su casa, pero no regresó. Edison recibió un disparo en la cabeza durante el paro nacional. Aquí el testimonio de su madre, Ema Amagua; su padre; Luis Mosquera;  y su hermana Patricia Mosquera.

Se cumple seis años de la muerte de Freddy Taish ocurrida durante un operativo militar

Ni verdad ni justicia han recibido los familiares de Freddy Taish, joven Shuar que fue impactado por una bala de dotación militar en el sector de Tutus, comunidad Shiram Entza, del cantón Gualaquiza, al sur de la Amazonía ecuatoriana.

José Daniel Chaluisa, muerto en las protestas sociales, registró una luxación en su mano izquierda

San Roque - Quito.  José Daniel Chaluisa Cusco, oriundo de Cotopaxi, trabajaba hace 25 años en el mercado de San Roque, en el centro histórico de Quito. El 7 de octubre de 2019, a las 17:30, José junto a otras personas se sumaron al paro nacional cuando fueron acorralados por miembros de la Policía Nacional. Minutos después circularon por las redes sociales un video donde observa que las personas caen del puente de San Roque, a una altura de 8 metros. La caída le causó un trauma craneoencefálico severo, contusión hemorrágica parietal y una fractura del arco costal izquierdo.

Se fueron con el rabo entre las piernas

Categoría: No Bases Creado: Lunes, 17 Octubre 2016 12:10
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Luis Ángel Saavedra

 

Se fueron con el rabo entre las piernas


 El pasado sábado, 11 de julio de 2009, a partir de las 14h00, los militares estadounidenses embarcaron en un carguero militar  las dos últimas motobombas contra incendios que mantenían en la Base Aérea Eloy Alfaro, de Manta, con ello terminan sus operaciones y se van en silencio, sin periodistas que les hagan preguntas, sin cámaras que registren el hecho y, sobre todo, se van como perro pateado, con el rabo entre las piernas, antes que el pueblo ecuatoriano les exija cuentas sobre todo lo que hicieron durante diez años de permanencia en Manta.

 

El carguero militar, probablemente el Globemaster III, aterrizó en Quito y permaneció en la plataforma de la Base Aérea de la Primera Zona, luego, en la mañana del sábado 11 de junio, fue a Manta e inició las tareas de carga de los últimos pertrechos que los estadounidenses tenían en la base militar que ocuparon durante diez años.

 

El proceso de carga fue lento, las dos motobombas contra incendios se parquearon a un costado del avión esperando el turno de embarque, luego, una a una, las ingresaron de retro y por una puerta abierta en la parte delantera del carguero. Esto, que parecía una operación de rutina, en realidad será recordada como el final de una ocupación militar inconstitucional y el final de una afrenta a la soberanía y la dignidad nacional.

 

Por coincidencia, personal de INREDH nos encontrábamos en el aeropuerto, pues habíamos llegado a participar de una reunión en Manta en la que se analizaría las acciones con las que despediríamos a las fuerzas militares estadounidenses y expresaríamos nuestra alegría por su partida; de esta forma, sin proponernos, fuimos testigos de esta huida silenciosa.

 

Es difícil explicar nuestros sentimientos, pues hay alegría porque dieron resultado todas las acciones que hicieron las organizaciones ecuatorianas para expresar el rechazo a su presencia: fueron diez años de lucha de las organizaciones sociales y que luego fueron recogidas en las propuestas de la agenda electoral del 2006 y finalmente recogidas por el actual gobierno de Rafael Correa, quien ha puesto fin a esta presencia militar extranjera, cumpliendo con su oferta electoral y, ante todo, recogiendo el sentir del pueblo ecuatoriano.

 

Pero también tenemos sentimientos de frustración, pues se van de manera impune, sin reparar los daños causados a cientos de pescadores, a decenas de madres jóvenes que creyeron en sus promesas, a decenas de trabajadores que ingenuamente los acompañaron.

 

Pero se van asustados, se van con el rabo entre las piernas porque no quisieron esperar a que la Comisión Especializada de Asuntos Exteriores y Seguridad Pública haga público su informe y de cuenta de los barcos que fueron hundidos o dañados de manera arbitraria, contraviniendo todas las disposiciones que establecen las leyes internacionales.

 

Se van con el rabo entre las piernas porque no quisieron esperar a que se conforme una comisión de auditoría de sus acciones y se establezca con claridad toda su prepotencia y las violaciones a los derechos humanos que han perpetrado las fuerzas militares estadounidenses, pues ya no hay silencio en Manta y cientos de personas están dispuestas a dar su testimonio y corroborar con pruebas sobre las violaciones de derechos a los que fueron expuestos.

 

Pero también ellos han querido dar un último aviso, un último manotazo a la dignidad de nuestros pescadores, pues el día 3 de julio pasado, nuevamente agredieron a un pesquero ecuatoriano, dañaron las lanchas que estos barcos llevan para ubicar las redes y recoger la pesca; maltrataron a los pescadores y los obligaron a permanecer a la intemperie. Pero estos pescadores llegaron a Manta y denunciaron inmediatamente el hecho porque, reiteramos, en Manta ya se rompió el silencio y, por más prepotentes que sean, por más que quieran decirnos que seguirán controlando nuestro mar, les haremos saber que en nuestro país hay gente que los enfrentará y los seguirá denunciando.

 

No porque huyeron con el rabo entre las piernas, nosotros vamos a ocultar lo que hicieron, por eso seguiremos exigiendo la realización de una auditoría que establezca las responsabilidades que han tenido los militares estadounidenses y se establezca un sistema de reparación de los daños, indemnización a los perjudicados y sanción a los responsables.

 

LLUCSHI YANKI FOREVER!

 

Luis Ángel Saavedra

INREDH