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Caldo de cultivo para futuros dictadores

Por luxor2608
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Por: Richard Pillajo
Arte: ZInecdoc

 

A 6 meses del Paro Nacional que vivió el Ecuador este 2022, hemos observado en nuestro diario vivir que las condiciones materiales de existencia de las clases trabajadoras no han mejorado, al contrario, han ido en retroceso. Y es que, el año y medio de políticas económicas austeras que ha atravesado nuestra sociedad con el mandato de Guillermo Lasso (sin contar el gobierno de Moreno) ha colocado la carga de la crisis económica sobre los hombros de los ciudadanos de a pie, particularmente en unos más que en otros.

Todo parte de la necesidad de desarmar el “obeso” Estado que mantenía el Ecuador para reducir el déficit fiscal y llenar las arcas financieras para ser atractivo a la inversión extranjera, según manda el FMI. Pero claramente esta política ha repercutido desfavorablemente en la sociedad ecuatoriana con el crecimiento del desempleo, precarización y falta de presupuesto para la salud y educación y reducidas oportunidades de crecimiento para las clases medias y sectores populares. Reducir el gasto fiscal ha significado reducir la inversión social.

Pero, ¿sirvió de algo reducir el tamaño del Estado? Lamentablemente no, no existe un hecho representativo del gobierno de Lasso que de fe de la correcta administración de su gobierno; al contrario, ha provocado un abandono que se ha vuelto una situación particular en todo el territorio: olas migratorias de la sierra centro, precarización y perdida de derechos laborales en los centros financieros del país, intercambios desiguales para productores del agro y encarecimiento de la vida para toda la sociedad.

Sin embargo, la cumbre del “quemeimportismo” gubernamental ha sido la permisión del terror en los sectores abandonados del país, lugares donde la presencia del estado es nulay solo se da con la presencia policial (si está presente). Provincias como Esmeraldas, los márgenes de Guayaquil y Quito, Chimborazo, todas las fronteras; son sitios donde se criminaliza la pobreza y se la persigue en nombre de la paz y la seguridad. Personas con delitos menores encarceladas son la evidencia de un abandono como parte de la clase popular. Para alguien que nació pobre y racializado se le dificulta el acceso a la educación o a oportunidades laborales dignas, por lo que la delincuencia y el microtráfico son, a veces, la única salida.

En el tema de la crisis carcelaria: la rápida respuesta del gobierno es el encarcelamiento, tomando en cuenta que la cárcel históricamente ha sido una tecnología para perseguir la pobreza, el vagabundaje, la contención civilizada de lo no civilizado, la política de encarcelamiento se ha vuelto una tendencia de clase aburguesada, blanqueada y de corte colonial, que sigue una la línea ideológica en la historia de exterminar al salvaje, y que ahora se lee en encerrar hasta la muerte al criminal.

Las muchas matanzas dentro de las cárceles del país son responsabilidad del gobierno porque los sujetos en jurisdicción del Estado son sujetos de derechos humanos. Cada vez que se ha previsto una matanza en un centro de privación de libertad y se ha dejado que ocurra por la inoperancia del gobierno le hace responsable por cada muerto.

En el tema del terror: Los sectores de los que se ha apoderado el Narco son la evidencia de la permisibilidad que tiene el gobierno para dar paso a otras formas de poder que reproducen su quemeimportismo, las bandas se pelean y ajustan cuentas por modalidades sicariatos, mandan mensajes a la policía con personas ahorcadas en puentes, se hacen atentados por coches bomba, se utiliza a la policía de tropa con chalecos antibalas caducados, sin municiones y poca experiencia como carne de cañón para enfrentarse a las fuertemente armadas bandas delictivas, esto para que los medios de comunicación publiquen que el gobierno está haciendo algo, pero si se denuncia que la policía debe atrincherarse y teme por su seguridad por entrar en un barrio marginado de Guayaquil se enfurecen diciendo que existe una desinformación y no se ve el lado bueno de las cosas.

Toda esta situación por la que atraviesa el país se debe a la necro-política del gobierno, que tiene el poder de deshumanizar a la población empobrecida, de permitirse dejar morir a los asesinados en las calles, de perseguir a los pobres para encarcelarlos y dejar que se los torturare hasta dejarlos morir simbólica y legítimamente como la solución definitiva, como lo hacía el colono hace 500 años. Tristemente las clases populares se desgastan y enemistan entre ellas ya que quienes se sostienen con un familiar encarcelado están expuestos a un desgaste mental, físico y económico. Nadie debería martirizarse pensando que algún día su familiar será cercenado y publicado en redes sociales.

La violencia que vive el país es la aceptación de la pérdida del control por parte de gobierno en el sentido más terrorífico de dejar morir a los deshumanizados. El narco ha tomado el poder, en parte por la vinculación de narcogenerales entre los miembros policiales, con criminales aterrorizando y asesinando a su favor mientras el Estado decreta un estado de excepción que no resuelve nada, profundiza la violencia con la militarización de la vida y lo que le preocupa más al gobierno que es en los medios de comunicación no se esté hablando de lo arduo que trabaja el gobierno y que todo está bien.

La vida seguirá, Lasso seguirá gobernando desde el “que pase lo que tenga que pasar” y la muerte y el terror continuarán hasta interiorizarlo como la nueva normalidad. El año anterior la primera matanza en las cárceles conmocionó a la población, hoy es un recuento más para el gobierno y todos nosotros.

Mientras tanto, el discurso de la derecha socialcristiana se fascistiza apelando a la seguridad, pero con tintes de extermino de la pobreza mediante de la legalidad de las armas. Lo que nos queda por visibilizar y rechazar profundamente a futuro es la presentación del candidato de la derecha que, con un discurso totalizante, abiertamente anti derechos y satanizador de las formas de lucha y organización social es sobre el que tendremos que tener cuidado, especialmente porque la historia ya nos ha mostrado de lo que es capaz un dictador al mando del neoliberalismo.

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