Por Jimmy Ocles *
La audiencia que sería hoy fue cancelada ayer, una vez más, a última hora. Me entero por una notificación fría en el casillero judicial, como si cambiar una fecha fuera algo menor. Para mí no lo es: cada aplazamiento mueve mi vida, mi salud y mi trabajo entero.
El 10 de diciembre de 2021 yo solo retiré mi propio dinero. Minutos después estaba en el piso, golpeado, esposado y exhibido frente a desconocidos como si fuera un delincuente por el simple hecho de ser afrodescendiente. Desde entonces camino con las secuelas de esa violencia: las noches de insomnio, la ansiedad cuando veo un patrullero, las oportunidades laborales que se cerraron porque algunos prefirieron creer que “algo habré hecho”.
Cuando el sistema judicial posterga una y otra vez la posibilidad de juzgar estos hechos, no es solo un trámite más: es violencia institucional. Me obliga a revivir el trauma, a reorganizar viajes, a explicar otra vez a mi familia, a mis amistades, a quienes trabajan conmigo, que “esta vez tampoco fue”. El mensaje que recibo es que mi tiempo vale menos que la comodidad de quienes un día abusaron de su poder sobre mi cuerpo negro.
Es profundamente injusto. No solo por mí, sino por todas las personas afrodescendientes que se ven reflejadas en estas imágenes y en esta historia. Lo que me pasó se repite en silencio en barrios, buses, calles y centros comerciales donde el perfilamiento racial sigue siendo práctica cotidiana. Yo tuve cámaras, organizaciones y una voz pública; muchas otras personas no.
Sin embargo, que hoy vuelvan a aplazar mi juicio no significa que me rindo. Al contrario: confirma por qué es tan urgente seguir. El próximo 9 de marzo mi caso y otros llegarán a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, acompañado por INREDH y el colectivo Mujeres de Asfalto. Si aquí intentan alargar el proceso hasta que nos cansemos, iremos a instancias donde la violencia institucional también se nombre y se condene.
Yo sé quién soy: ingeniero forestal, modelo, emprendedor, investigador. No soy el estereotipo de “sospechoso” que intentaron pegarme aquel día frente a un banco. Retiré dinero; no robé un banco. Lo que sí hubo fue racismo, y lo seguiré diciendo todas las veces que sea necesario.
Hoy escribo desde el cansancio y la rabia, pero también desde la decisión. No voy a abandonar esta lucha, porque ya no es solo mía. Es por las personas negras y racializadas que caminan con miedo de ser detenidas “por si acaso”, por quienes nunca tuvieron una audiencia, por quienes ni siquiera aparecen en una estadística.
Que el sistema se demore lo que quiera: yo voy a seguir. Voy a seguir contando esta historia, exigiendo justicia y denunciando el perfilamiento racial en cada espacio al que tenga acceso. No busco venganza; busco verdad, reparación y garantías de no repetición.
Mi color de piel no es un delito. Y aunque intenten cansarnos, no nos van a apagar.

Jimmy Ocles
Es oriundo de Quinindé, provincia de Esmeraldas, una tierra de raíces fuertes y esperanza infinita. Estudió Ingeniería Forestal en la Escuela Superior Politécnica del Chimborazo (ESPOCH), actualmente es investigador y estudiante de Doctorado en Brasil. Es modelo, y activista social en temas de discriminación racial. Sus estudios le permitieron consolidar una conciencia ambiental y consecuencia de ello creó una marca denominada ocles.ec.
Ocles, además, participa en proyectos dirigidos a fomentar el respeto hacia los derechos humanos, sobre en la lucha contra la discriminación.
