Carolina Garzón Ardila es una mujer joven colombiana, estudiante de Licenciatura Básica con énfasis en Educación Artística en la Universidad Distrital en Bogotá, quien, en sus años universitarios, formó parte del periódico estudiantil. Fue activista política del partido socialista de los trabajadores en Colombia y defensora de los derechos humanos.
Desde muy joven, el espíritu libre de Carolina ha estado profundamente ligado al activismo y la justicia social. Su deseo de transformar un mundo marcado por la injusticia y la violencia la llevó a comprometerse con la lucha social.
A lo largo de su juventud, ha participado activamente en la defensa y exigencia de derechos humanos. Esto se reflejó en diversas acciones, como su apoyo a las protestas de maestros contra el recorte de recursos para la educación, así como la creación del Comité Estudiantil del SENA, una organización que defendió a la “Universidad de los Pobres” en Colombia, exigiendo y promoviendo el acceso a una educación gratuita y de calidad para todas las personas. 1
Su compromiso con la defensa por los derechos humanos la llevó a asumir un rol de dirigente del Partido Socialista de Trabajadores de Colombia, así como a militar en la Liga Internacional de Trabajadores. Estos espacios consolidaron a Carolina, no solo como una mujer comprometida con la justicia social, sino también como una líder política dedicada a la organización, la militancia y la exigencia de derechos humanos.2
En la vida de Carolina, el arte ocupa un lugar fundamental. No solo como parte de su formación, sino como una herramienta política. La fotografía, la danza y el teatro no fueron únicamente disciplinas de su interés, sino formas de expresión que le han permitido narrar el mundo, cuestionarlo y transformarlo. En Carolina, el arte y política han sido caminos que se entrelazan.
Su talento artístico, que nació desde la necesidad, se convirtió en una forma de expresión y forma de autonomía. A través del macramé3 y la chaquira4, pudo obtener ingresos que le permitieron sostener uno de sus mayores deseos: recorrer América Latina. Viajar, para Carolina, es también una forma de encuentro con las realidades y luchas del pueblo.
Entre los estudios, el arte y la militancia, la curiosidad empujó a Carolina a querer descubrir más, comenzando por América del Sur. En uno de sus viajes, se enamoró de Ecuador: de sus paisajes, sus calles, su naturaleza y su gente, siendo este el vínculo que la llevó a regresar a este país en varias ocasiones. Así pues, en su visita realizada en el 2012, llegó a Ecuador con la promesa de reencontrarse con sus padres en diciembre de ese mismo año, una promesa que hasta hoy permanece abierta.
En marzo de 2012, a sus 22 años, Carolina llegó a Quito llena de ilusiones, con el deseo de descubrir nuevos caminos y de ahorrar lo suficiente para viajar a Brasil. Acompañada de su cámara fotográfica, recorrió las calles de la ciudad, como La Ronda o La Mariscal, recolectando nuevas experiencias que compartía con entusiasmo con su madre y su hermana.
El 28 de abril de 2012, Carolina desapareció de su residencia en Quito. Desde entonces, la respuesta de los Estados ecuatoriano y colombiano ha sido insuficiente. La investigación se ha caracterizado por la ineficiencia institucional y el incumplimiento de obligaciones internacionales en materia de derechos humanos y protección de personas desaparecidas. Además, ha estado marcada por estereotipos de género, edad y estilo de vida, que han responsabilizado a Carolina por su proyecto de vida, desviando y debilitando el curso de la investigación.
Sin embargo, la historia de Carolina no se reduce a la inacción del Estado. Su vida ha impulsado formas de organización y resistencia. Frente a la falta de respuestas, su padre, Walter Garzón, transformó el dolor en acción política, liderando plantones y articulando esfuerzos con otras familias de personas desaparecidas. Desde la Plaza Grande de Quito, con pancartas y fotografías de su hija, reclamó incansablemente respuestas sobre su paradero.
De estos procesos de denuncia, Walter conoció a otros familiares de personas desaparecidas con quien compartía la misma exigencia de verdad y justicia. Con el tiempo, más familias se sumaron: aumentaban las desapariciones y había menos respuestas. Frente a esta realidad, y como forma de organización, nació la Asociación de Familiares y Amigos de Personas Desaparecidas en Ecuador (ASFADEC).
Así, Carolina está presente en estas luchas. La historia de una defensora de derechos humanos, militante y activista por las causas justas trasciende lo individual para convertirse en una causa colectiva. Vive en la organización de las familias, de las amigas, en la exigencia constante al Estado y en la construcción de memoria que se niega a olvidar.
Actualmente, su madre, su hermana y su tía han sostenido durante más de una década una búsqueda incansable. Su lucha no ha sido solo contra el tiempo, sino contra la indiferencia del Estado, enfrentando el desgaste emocional, físico y económico que implica exigir justicia en la impunidad.
La historia de Carolina también ha marcado profundamente a quienes han conocido y acompañado su proceso. Su compromiso con la justicia social, la verdad y los derechos humanos se refleja en nosotras, que encontramos en su militancia y activismo, un punto de identificación y de lucha compartida. Carolina no es un expediente ni mucho menos una cifra: es una mujer con convicciones, con sueños y con una forma de habitar este mundo con el que nos identificamos y nos movilizamos.
Por eso, insistir en la búsqueda de Carolina también es una decisión política. Es afirmar que su vida no puede ser reducida a su desaparición, que su influencia se revela en cada acción que exige verdad y justicia. Su nombre representa una historia, una memoria y una presencia viva en las luchas que sigue inspirando.
Hoy, 28 de abril de 2026, se cumplen 14 años de su desaparición. Hoy recordamos a Carolina, una mujer de ideales firmes, y profundamente comprometida con la justicia social. Defensora de derechos humanos, artista, maestra en formación, viajera y militante. Su historia no se agota con su ausencia, al contrario, permanece viva en la permanente exigencia de verdad y justicia.
Referencias
El Socialista, “Activista estudiantil de la Universidad Distrital Dirigente del Partido Socialista de los Trabajadores”, Edición Nro. 665, mayo de 2012.
2 Ibid., pág.2.
3 El macramé es la técnica de crear tejidos usando nudos decorativos. (Véase en Macramé – Wikipedia, la enciclopedia libre)
4 La chaquira es el arte o artesanía de unir cuentas que también se llaman chaquiras entre sí, ensartándolas en un hilo o alambre delgado con una aguja de coser. (Véase en Chaquira – Wikipedia, la enciclopedia libre )

Andrea Toapanta
Andrea Toapanta Ramos, defensora de derechos humanos, graduada de Derecho de la Universidad Politécnica Salesiana, activista y militante feminista, actualmente forma parte del equipo jurídico de la Fundación Regional de Asesoría en Derechos Humanos (INREDH).

Naomi Layedra
Estudiante de Comunicación Social en la Universidad Central del Ecuador. Su formación académica se orienta hacia temas de género y derechos humanos Actualmente es voluntaria en la Fundación Regional de Asesoría en Derechos Humanos INREDH.
