Inicio Análisis y Coyuntura Las mujeres como defensoras de derechos humanos y de la naturaleza

Las mujeres como defensoras de derechos humanos y de la naturaleza

Por Voluntarix
9 views

* Por Alisson Ivanova Solis y Karol Jaramillo

Durante el XII Foro Social Panamazónico (FOSPA), realizado del 16 al 21 de agosto de 2026 en Puyo, provincia de Pastaza, se llevó a cabo la “Casa de Resistencia de Mujeres y Diversidades”. Este espacio reunió a mujeres amazónicas, afrodescendientes y mestizas de distintas partes de Ecuador, junto con mujeres provenientes de Colombia, Perú, Bolivia, Brasil, entre otros.

La Casa funcionó como un espacio seguro para que ellas mujeres pudieran expresar y compartir cómo ha sido su rol como lideresas y defensoras, qué cuesta sostenerlo, qué casos de vulneración siguen sin respuesta y qué formas de violencia se repiten a lo largo de la cuenca amazónica. Durante los días que estuvo abierta, las intervenciones fueron construyendo un diagnóstico compartido, y al final, un plan de trabajo colectivo.

El liderazgo que siempre hay que justificar

Uno de los puntos más importantes fue reconocer cómo el machismo atraviesa cada aspecto de la sociedad y de los territorios que habitamos. Las primeras ponentes señalaron que, aunque en el papel tengamos derechos reconocidos, en la vida cotidiana todavía existen muchas barreras que nos impiden ejercerlos plenamente. Como mujeres y personas de las diversidades, constantemente se les asignan determinados roles y trabajos bajo la idea de que son “más fáciles” o que les corresponden únicamente por el género.

Esta lógica también se reproduce cuando se cuestiona la capacidad para liderar, tomar decisiones, ocupar espacios de poder o, incluso, luchar y defender los derechos propios de las mujeres y los de las otras comunidades de las que forman parte. Esto ocurre incluso cuando las lideresas han sido escogidas democráticamente, pues su capacidad, autoridad y legitimidad continúan siendo cuestionadas por el simple hecho de ser mujeres.  

Alexandra Narváez: de la guardia indígena a la presidencia

El testimonio de Alexandra Narváez, primera mujer presidenta de la comunidad A’i Cofán de Sinangoe, en la Amazonía ecuatoriana, permitió ver las dos caras de ese proceso: la disputa hacia afuera y la disputa hacia adentro.

En 2017, junto a jóvenes y mayores de su comunidad, Narváez impulsó la conformación de la guardia indígena de Sinangoe para monitorear el territorio frente a la minería ilegal y otras amenazas externas. Fue la primera mujer en integrarla y para lograrlo tuvo que enfrentar la negativa inicial de su propio pueblo. [1] Los recorridos de esas guardias: con GPS, cámaras trampa y registro fotográfico; construyeron la evidencia que sostuvo la demanda de la comunidad. En 2018, la Corte Provincial de Sucumbíos falló a favor de Sinangoe y anuló 52 concesiones auríferas otorgadas sin consulta previa en las cabeceras del río Aguarico, sagrado para el pueblo Cofán. [2] Cuatro años después, en 2022, Narváez y Alex Lucitante recibieron por ese proceso el Premio Goldman, el reconocimiento ambiental más importante del mundo. [3]

Alexandra mencionó que, desde muy joven, tomó conciencia de las vulneraciones que enfrentan las comunidades indígenas, ya que ella misma fue víctima de graves vulneraciones a sus derechos. A partir de su propia experiencia y de lo que ha podido observar en su comunidad, resaltó la importancia de escuchar las voces de las mujeres, así como de niños, niñas y adolescentes de las comunidades indígenas, quienes también enfrentan distintas formas de violencia y vulneración de sus derechos. 

Sobre su rol actual, describió que ha sido muy difícil ejercer como presidenta de su comunidad, pues en muchas ocasiones otros miembros no se acercan a ella para pedir ayuda o plantear sus preocupaciones por el hecho de ser mujer. Sin embargo, a pesar de estas dificultades, Alexandra continúa ejerciendo su liderazgo y defendiendo los derechos de su comunidad. 

“Como mujeres podemos liderar, defender nuestros territorios, defender nuestros derechos… tenemos ese mismo derecho de gobernar, de sentarnos y liderar nuestras comunidades porque somos mujeres, somos madres y lo llevamos de mejor manera, con el corazón, viendo lo mejor para todos y todas, mencionó Alexandra. [4]

El cuerpo como primer territorio

Ese cruce entre la violencia que se ejerce sobre el territorio y la que se ejerce sobre quienes lo defienden fue el eje conceptual de la Casa. La Declaración Política de Puyuk, adoptada por el Foro el 20 de agosto, lo plantea de esta forma: existe una relación entre el extractivismo, la crisis climática y la violencia estructural contra los cuerpos de las mujeres. Y lo explica por el vínculo material de que son ellas quienes cargan con la sostenibilidad de la vida, y hoy no solo son despojadas del territorio y forzadas a abandonarlos, sino criminalizadas, desaparecidas y asesinadas por defenderlo. [5]

De ahí que el cuerpo sea nombrado como el primer territorio. Cuando entra una concesión minera o petrolera, entran también campamentos, carreteras, trabajadores externos, alcohol, dinero circulante y comercio sexual. Las mujeres son las primeras en registras esos cambios y las últimas en ser consultadas sobre ellos. Por eso el Plan de Acción del Foro incorporó, en la Casa de la Soberanía y Libre Determinación, un punto específico sobre mecanismos de denuncia y respuesta frente a las afectaciones al cuerpo-territorio, que permitan documentar daños y hacer seguimiento a amenazas que golpean al mismo tiempo el territorio, la salud y la vida comunitaria. [6]

La otra cara de ese mismo diagnóstico es el cuidado. En Puyuk se planteó que sin cuidados no hay vida posible y que esa carga recae de manera desigual sobre las mujeres, agravada por la crisis climática: cuidan a sus hijas e hijos, a la familia, a los ríos y a la tierra, muchas veces a costa de su propio bienestar. Las juventudes de la Panamazonía llevaron esa discusión a su propio mandato y exigieron el reconocimiento y la redistribución de ese trabajo, junto a una participación paritaria con poder real de decisión, no solo de presencia. [7]

Las parteras y la disputa por el conocimiento

Las mujeres no solo desempeñan un papel fundamental como lideresas dentro de sus comunidades; también cumplen un rol esencial en la transmisión de saberes ancestrales y en el cuidado de la salud. Ofelia Salazar, integrante de la Asociación de Mujeres Parteras Kichwas del Alto Napo y del Consejo Pluricultural de Parteros, Parteras, Sabios y Sabias de la Medicina Ancestral, explicó que los saberes que poseen sobre medicina natural y acompañamiento durante el parto han sido transmitidos de generación en generación y también provienen de la relación con la naturaleza. 

Son conocimientos que surgieron y se fortalecieron en territorios en los que no existía acceso a médicos ni a servicios de salud convencionales y que sostuvieron a comunidades enteras durante décadas. Esa condición no los hace menos válidos que los conocimientos adquiridos en las universidades o en un hospital, por el contrario, se sustentan en la experiencia, la práctica y la transmisión de conocimientos que se ha mantenido viva dentro de las comunidades.

Esa demanda quedó recogida en los acuerdos del Foro. La Declaración de Puyuk reconoce el rol de las parteras y las sabias como quienes conectan a las comunidades con su ancestralidad, y el Plan de Acción en la Casa 4 comprometió hacer pedagogía sobre las prácticas de salud ancestrales de las mujeres, con la partería como primer ejemplo, además de impulsar intercambios de saberes entre las mayoras y las juventudes. [8]

Del testimonio al acuerdo

Uno de los consensos fue la urgencia de no quedarse solo en palabras y pasar a la acción colectiva, con tres ejes prioritarios: la violencia contra los cuerpos y territorios, la participación política en igualdad y la sostenibilidad de la vida. [9]

Sobre esa base, la Casa 4 acordó cinco líneas de trabajo rumbo al XIII FOSPA, que se realizará en Colombia. La primera es tejer una articulación intercultural de mujeres panamazónicas que empuje una participación vinculante, no solo consultiva, en los espacios locales, nacionales y regionales, con investigación comunitaria y comunicación hecha desde las mujeres. La segunda es una campaña de pedagogía y visibilización sobre la violencia contra mujeres, infancias y adolescentes en los países de la cuenca, planteada frente al avance de la ultraderecha y los fundamentalismos en la región; para sostenerla acordaron un canal permanente de comunicación entre territorios. La tercera es consolidar espacios de intercambio sobre justicia climática, racismo, defensa de aguas, economías propias y participación política, con un encuentro nacional intermedios y dos seminarios virtuales al año. La cuarta es dar continuidad al Tribunal de Mujeres como espacio de denuncia. La quinta es impulsar la salud intercultural, comunitaria e integral, bajo la consigna “Hablar para que el cuerpo sane, sanar a la mujer es sanar la tierra”, que incluye espacios de encuentro sobre salud mental. [10]

El plan también recoge propuestas por país, con organizaciones responsables. La nacionalidad Waorani asumió, en Ecuador, el trabajo de salud comunitaria integral, la protección de los ríos mediante mecanismos comunitarios, incluida su declaración como sujetos de derecho, y la formación de lideresas en gobernanza y administración de recursos. Las delegaciones del Perú, articuladas en el Consejo de Mujeres Awajún Wampís, Flora Tristán y el GIMCC, plantearon que el FOSPA asuma los derechos sexuales y reproductivos en su agenda y propusieron mapear las zonas de la Panamazonía donde se cometen violencias sexuales. Desde Brasil se comprometió el sostenimiento del Tribunal de Mujeres; desde Bolivia, la Confederación Nacional de Mujeres Indígenas planteó fortalecer los procesos organizativos para evitar la fragmentación de las luchas; y desde Colombia, la investigación comunitaria y la pedagogía sobre mecanismos legales. [11]

Lo que queda después de Puyo

Todas las mujeres y diversidades que participaron en la Casa, en las mesas y como asistentes, sostienen esa disputa a diario:  ser escuchadas, respetadas y reconocidas como iguales en sociedades que no solo son machistas y racistas, sino que también persiguen y criminalizan a quienes levantan su voz y luchan por sus derechos y sus territorios. 

Ninguna mujer es un ser débil cuyo único propósito sea servir a un hombre, permanecer callada u obedecer. Las mujeres son fuerza, naturaleza, territorio, resistencia, libertad, lucha, protección y liderazgo. Son portadoras de conocimientos y guardianas de historias y saberes que han sido transmitidos de generación en generación. Son mujeres que han levantado su voz para defender sus derechos, sus comunidades y sus territorios. Por ello, sus voces ya no pueden ser silenciadas ni sus luchas invisibilizadas.

Defensoras, nunca solas.

Alisson Ivanova Solis

Comunicadora social con énfasis en educomunicación, artes y cultura. Se especializa en creación de productos comunicacionales enfocados en derechos humanos. Actualmente es voluntaria en el área de comunicación en INREDH.

Ha continuado reforzando su conocimiento en el área de derechos humanos, mujeres y diversidades.

Karol Jaramillo Ayala

Comunicadora social con enfoque en derechos humanos y justicia climática. Se especializa en producción audiovisual y generación de estrategias de comunicación con perspectiva intercultural. Ha complementado su formación con cursos y programas en investigación periodística, comunicación política, análisis de datos, narrativa audiovisual, litigio estratégico, periodismo científico y enfoques de género y diversidad. Actualmente forma parte del equipo de comunicación de la Fundación Regional de Asesoría en Derechos Humanos (INREDH).

Post Relacionados